Las Fragancias de las Herederas de Jane

Charlotte Gainsbourg y Loui Doillon –ambas hijas de Jane Birkin-, son musas de los aromas más buscados del momento.

Charlotte Gainsbourg y Loui Doillon –ambas hijas de Jane Birkin-, son musas de los aromas más buscados del momento.

Dividiendo el mérito de sus orígenes entre Francia e Inglaterra, nadie podría negar la atención que los medios –de moda, preferentemente-, le brindan a estas hermanas. Ambas manteniendo estilos característicos, que las diferencian del modelo “fashion sis” comúnmente establecido –véanse Vanessa y … Traína, o mismo Mary-Kate y Ashley Olsen-, dos firmas francesas abren paso a su influencia y particular gusto, para darse con fragancias tan especiales, como sus musas.

Nicolas Ghesquière, director creativo de Balenciaga, ha admirado la personalidad de Gainsbourg por años: “Ella es la belleza, el talento, el carisma; femenina, pero nunca obvia”, alegó, luego de contar la forma en la cual se conocieron, hacia el año 2000, durante el backstage de un desfile a su cargo. Es por esto, que el diseñador pensó en ella de forma instantánea al momento de crear su primer perfume para la maison –consecuentemente, la casa Balenciaga se vio obligada a deshacerse de sus aromas más clásicos-.


Charlotte Geinsbourg para Balenciaga

Luego de un curso de perfumería, dictado por el especialista Oliver Polge, Ghesquière se aventuró a idear, junto con la colaboración de Charlotte, una fragancia de base floral-amaderada, que conllevaría también una esencia “rara, de olores familiares” –el logro de mencionado objetivo se alcanzó al incluir notas de “cera ardiente”, según aseguran.

En lo que respecta a Doillon -la más joven, cuyo estilo trashy encabeza el listado de inspiraciones más recurrentes entre múltiples bandas de rock y diseñadores, su proyecto surgió en una fiesta, tras conocer al nariz de Juliette Has A Gun –y bisnieto de la misma Nina Ricci-, Romano Ricci.


Lou Doillon en la campaña de la fragancia.

La idea inicial del creador, era la de constituir una fragancia que se remitiera al encanto andrógino de la americana Calamity Jane. En el momento en que Lou oyó esto, sorprendentemente, sacó de su bolso un libro que estudiaba las cartas de la mujer –debía leerlo para un papel en el teatro. “Fue el destino”, alegó Ricci.

El carácter casual de mencionado encuentro, finalmente, reflejó gran dosis de su espontaneidad en Calamity J., un aroma “para la mujer que toma el prestada la colonia de su novio”. Lou Doillon, rockeó la campaña.


Calamity J., de Juliette Has a Gun

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